Llueve en Nueva York

(extracto de mi libro “AMSTERDAM”)

Te observo correr a grandes zancadas desde la puerta del hotel para atrapar un taxi, tarea heroica en un Nueva York con lluvia torrencial, aprovecho la dificultad para rogarte que caminemos sin paraguas y que nos mojemos, Nueva York es una ciudad que ambos conocemos bastante bien pero en este viaje nos enfrentamos a nuestra primera vez, cuando los amantes salen indemnes de un primer viaje juntos es una buena señal, así que, cogidos por la cintura, salimos a caminar entre las prisas de los siempre atareados neyorkinos, ambos odiamos los paraguas. Nos miramos divertidos porque nos sentimos niños saltando los charcos que intentamos esquivar. Es curioso, a ratos nos mostramos habladores pero preferimos caminar callados, sintiendo, dándonos calor y sólo mirándonos el uno al otro. Yo escucho tus futuros planes, tú atiendes con paciencia los proyectos que ahora me ocupan. Nos reímos mucho, dices que mis risotadas y espontaneidad es lo que a ti te falta, desde hace tiempo no te reías asi, me alegro que lo pases bien, relajado, disfrutón y tan sexy…

Somos supervivientes de una sociedad que juzga a todas horas y hemos resistido a los “porquès” y “para què”.

¿Por qué buscar una razón para todo?

Ernesto Sábato

Estoy de acuerdo con Sábato, al final lo importante son los momentos y las emociones, lo vivido, disfrutado y sufrido, aquello que hemos superado con esfuerzo y los fracasos que nos marcaron el camino del cambio, los instantes que se graban en la memoria y que cuando seamos ya viejitos, con arrugas y artrosis en las manos, podamos recordarlos sin esfuerzo porque nos cambiaron como personas.

Las calles bullen de gente, pero nosotros a los nuestro; me besas y te abrazo, como una niña chica, mirando tus ojos mientras me colocas con fuerza esta boina que tanto te gusta, me cuidas, eres tan alto y yo parezco tan pequeñita, te siento como sí no me diera de sí la vida. Me susurras bajito un “guapa” y me alzas el cuello de la chaqueta, siempre me haces sentir que soy bella, potente, sensual, fuerte, valiente, lista y tierna, supongo que estoy todavía en el ciclo de la idealización. La lluvia va cediendo a un cielo tímidamente plomo, toco tu barba, esa barbita que te has dejado para mí, te lo pedí cuando te conocí y que ahora se adorna de gotas de luz, sabes que me encantas con ella, me gustas un poco salvaje cuando no piensas tanto y desconectas de lo que has dejado atrás y que en breve debes retomar. Yo lo presentía y no me he equivocado, sabía que detrás de tu armadura había una persona maravillosa, supongo que una temeraria apuesta porque ¿quien se suponía era usted cuando nos conocimos en aquella terrible cena?, tan aburrida y casposa, encorsetada y previsible.

La vida y su magia…

Entre los bocinazos de los coches, las sirenas de ambulancias y el ruido de las calles me siento “la reina de África”. Policías, tiendas y mega stores, parques de perros, adolescentes gritones saliendo del instituto, museos con tráfico de turistas, restaurantes de todo tipo de nacionalidades, perros coquetos disfrazados ridículamente como niños e ilustres ancianas con paraguas voladoras asesinas, aceras que rezuman humo, puestos de kúgels o flores y olor a comida pakistaní.

Nueva York para mi, a ti te dejo a tu amada África, hasta en esto tan distintos y complementarios.

Photo by Breston Kenya

Tenemos pendiente conectarnos con el mundo, nos resistimos, que pereza nos da y así estrujamos el tiempo caminando un poco más hasta pasar el puente y llegar a Brooklyn. Paseamos por el barrio judío, sorprendentemente sé más que tú sobre los judíos ultra ortodoxos y sus costumbres, me sorprendes parándote de repente y me abrazas muy fuerte, como tú sabes – !encima eres lista! – me dices sonriéndome, te beso el cuello que tan rico huele, un abrazo eterno que a mí me hace sentir la mujer más afortunada del universo.

De regreso, agotados, sigue lloviendo y entramos en un café cerca del Metropolitan, tenemos hambre y mientras pedimos un buen plato de carne y ensalada, te invito a contar, con esa voz que se me hace irresistible, a que me expliques cosas de Tanzania, que nos conozcamos mejor para querernos bien. Hablas tranquilamente como si me dieras un diagnóstico de un paciente tras un sinfín de pruebas y análisis, no me miras mucho esta vez y te entretienes con una servilleta, me haces reír con una anécdota que se convertirá en el futuro protagonista en nuestro lenguaje secreto, tienes ese sentido del humor que te hace tan atractivo, sobretodo, le quitas hierro al pasado que a veces nos lastra. Esa actitud me dice mucho, no críticas, no hay más que agradecimiento en tus palabras, me hablas del “mono” y del ser humano y nuestro igual comportamiento ante el rechazo. No soportas el victimismo y a aquellos que son parásitos de una sociedad que da mucho más de lo que recibe. En cuestiones de relaciones afirmas que se debe dar lo mismo que se recibe, – yo pienso igual, la diferencia es que para mí es necesaria la pasión y soy capaz de tirar tabiques de toda la casa para que entre – intervengo. Me pides otro café como castigo, – los hombres colocáis en cada habitación vuestros intereses; aquí el amor, en el cuarto de al lado la profesión, esta es la habitación de los hobbies- no estás de acuerdo conmigo, lo suponía…

Ahora es mi turno para que cuente, no hay mucho que decir, sólo que existen personas que están en mi corazón para siempre y otras con las que aún tengo relación en mi presente y que siempre serán parte de mis logros y de algún fracaso, que no imagino mi historia sin ellos, personas buenas que me quieren mucho y bien, no niego que yo también tengo mis cadáveres en el armario, pero no los nombro porque hace tiempo que no existen y no quiero por nada que vuelvan, y mucho menos, en este momento tan especial. Asientes, no dices nada, me coges la mano y la besas.

Es sabia la mente, necesario recurso el del olvido para aquellos que dejamos las malas experiencias en manos del tiempo y de la aceptación.

Salimos del café y vamos caminando hacia el hotel, el cielo se abre y se asoma un tímido sol de Octubre, me tomas el pelo, te burlas de mí cuando dices que no he sufrido de desamor, me paro a reflexionar, puede ser porque quizá no era amor, conocer los sentimientos de los demás no es fácil, yo solo puedo hablar de los míos. Llegamos a la habitación y me regalas el dibujo que hiciste en una servilleta, (ainssss, sabe también dibujar…estoy perdida), y confiesas tu inseguridad y esto te hace ser más adorable, si cabe. Tienes miedo a desilusionarme y me confiesas tu frustración cuando sientes celos, creo que me bloqueo con estas palabras y esos ojos de niño al contármelo, definitivamente, te amo, te beso, te pienso, te todo.

Las calles de Nueva York se han limpiado y brillan, como tu corazón, hasta ahora tan hermético guardado bajo siete llaves, me dices que me admiras y confiesas que en verano no podías dejar de pensar en mí. Nos costó la vida el primer “te amo”, una vez dicho en voz alta, no hemos parado de hacerlo, el amor, me refiero, agradecidos de que se haya hecho posible, sorprendidos de este inesperado regalo de la vida. Nos han vencido las ganas, la fuerte pasión y una ilusión contra la que nada ha podido hacer la fuerza de voluntad y aquel firme propósito que nos hicimos de no tener contacto nunca más. Pero la vida es sabia y premia a los que saben amar, cuando se acabó el verano regresaste tú. Y tal como piensas, trabajas y actúas siempre, tu decisión la llevaste adelante hasta el final. No falsas promesas, no frases de otros, no poses ni pasos en falso. Decisión y autenticidad, lealtad de acero antes que nada, eso me sorprendió con el pie cambiado, no abundan personas como tú.

Nueva York y la lluvia, aquí estamos, más vivos que nunca, retadores, ilusionados y con nuestras manos unidas dándonos fuerza y mirándonos valientes desafiando al mundo.

CosmenKos

NYC/2020

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