CLARA

en agradecimiento a todas las “Marujas” de siempre

En el colegio, al inicio de curso, pasaban a los alumnos una cartulina donde teníamos que actualizar los datos personales. Recuerdo que había una casilla dónde te preguntaban la profesión de tu padre y la de tu madre. La mayoría de las niñas, yo iba a un colegio de monjas femenino, señalábamos en la profesión de nuestras madres las siglas S.L. (Sus Labores). Si bien es cierto que había compañeras cuyas madres eran funcionarias, enfermeras o maestras, carniceras o cocineras, la mayoría de las madres de entonces se dedicaban a la más dura profesión no remunerada que existe; la de cuidar y organizar la familia y el hogar. Admirables ministras de economía hubieran sido.

Mi madre era una “Maruja” en toda regla (además se llamaba así, en Asturias las Marías suelen llamarse Marujas). Suena despectivo el apodo a las amas de casa pero mi madre nos decía que tras haber trabajado desde los 12 años no podía estar más contenta con su función de “jefa” de su micro cosmos. A mi madre no puedo estarle más agradecida y echarla de menos es poco.

Clara era la madre de una de nuestras amigas de clase, Marina. Nos encantaba a todas porque era una madre súper amiga de sus hijos. Moderna, atrevida, con mucha vida social y muy avanzada en cuestiones tan “tabú” de las entonces, ya sabéis, hablar de sexo, de relaciones o de homosexualidad, por poner pocos ejemplos. Además, se preparaba unos “pelotazos” que acababa cocida y esto, con madres como las nuestras que, como mucho en las fiestas bebían una copita de Sidra o de vino con casera, nos parecía lo más.

Excepto Clara, el resto considerábamos a nuestras madres un coñazo monumental. Intento que os venga a la mente esas madres de los 70 con peinados de cardado imperial y bata de “boatiné”, esas batas que iniciaron el imperio INDITEX que es hoy en día, gracias al trabajo y esfuerzo de la primera mujer de Amancio Ortega, por cierto. Pero sigamos con la historia de Clara….

Faldas escocesas

En mi familia, mi padre no quería oír la palabra casarse o novio, y eso que soy la única chica y la pequeña de entre hermanos varones. Entonces las madres buscaban un buen partido para las nenas, pero mi Maruja particular pasaba de todo eso y, además, yo en lo que menos pensaba en mi adolescencia era en novios y en niños, no me llamaba para nada, y mira por donde, me casé muy joven. Hoy en día soy madre de tres maravillosos hijos.

“Nunca compitas con una madre narcisista. Estas madres no dudan en manipular, humillar y en debilitar tu autoestima”

Valeria sabater

Los padres de Marina eran diferentes y mucho mas divertidos y glamurosos. Cada uno hacia su vida aunque de puertas para fuera seguían casados.Cuando íbamos a su casa, que nos encantaba aunque nunca había nada para merendar, Clara nos recibía con cigarro en ristre y nos hablaba durante horas de experiencias que entonces para unas adolescentes como nosotras eran Ciencia Ficción. Me acuerdo que se vestía como su hija, con aquellas encantadoras minifaldas y vaqueros acampanados con camisas de floripondios pero, lo más llamativo, es que se comportaba como una amiga más de sus hijos. !Se lo contaban casi todo!, y lo mejor es que no había limites de horario ni control paterno de limpieza y orden.

!Aquella madre era pura fantasía!.

Recuerdo que el padre de Clara vestía y se comportaba como una chavalín pero a mí nunca me gustó cómo nos miraba. Me parecía un desfasado y un salido, me producía rechazo. Quizá porque mi padre era todo un caballero con mis amigas y no un mirón asqueroso. Marina nos contó que sus padres acabaron separándose, sus hermanos descolocados sin control y su padre, ya cincuentón, volvió a casarse con una mujer veintidós años más joven cuya historia acabó en un traumático divorcio. El ejemplo paterno en las hijas es fundamental.

Pasado el tiempo miro hacia atrás y cuando recuerdo a mi madre y, a todas las “Marujas” de entonces, no puedo estar más agradecida. Mis padres me trataron siempre con amor y humor pero con límites. Con su ejemplo hicieron de mí la persona que soy hoy, más resilente y con educación basada en el esfuerzo que es lo que me ha permitido darle pases toreros a la dureza de la vida. Hasta recuerdo con añoranza a mi madre esperando a mi padre con su boquita de carmín y su batita con cuello bebé, bien arreglada con la mesa puesta para cenar todos juntos. Una madre con mucho carácter pero tan leal y trabajadora que es imposible olvidarla. Estos valores se contagian y espero que un poquito así sean mis hijos porque hablamos mucho de ella y la adoran.

Clara representaba el paradigma de la madre-amiga-chachi pero qué equivocadas estábamos entonces. Ese perfil de madre es muy egoísta y manipulador; no poner límites a los hijos es más fácil y hablarlo todo con ellos sin filtro alguno significa utilizar a tus propios hijos para tu propio ego, el “decir” no significa nada cuando lo que realmente se contagia es el “hacer”. Educar es muy agotador y siempre es más cómodo ser como Clara porque eres protagonista idolatrada por los adolescentes, no cuestionada nunca porque era ser divertida, y no como nosotros hemos juzgado a nuestros padres, a veces con reproches y dureza.

Los padres responsables estamos obligados a conocer lo mejor posible a nuestros hijos pero hay una parte que es de cada uno, es la intimidad de cada cual como ser independiente, yo no deseo ser amiga de mis hijos, sólo ejerzo como una madre que les quiere e intenta ayudar. Es menos desgastante actuar como Clara pero también menos satisfactorio el camino. Clara se auto invistió como la protagonista de la vida de toda su prole y, además, de las amigas de sus cuatro hijas, por eso contaba películas edulcoradas de la libertad de relaciones materno filiales.

Clara era, simplemente, una ególatra en toda regla.

Sugar baby

Al final de sus días y, sufriendo una enfermedad degenerativa, Clara se volvió un ser vulnerable y perdió su coraza de snob. Marina nos confesó que fue el momento en que más unida se sintió con su madre porque ya no podía manipularla y no la hacia sentir un ser mediocre. Nos confesó que siempre tuvo envidia de nuestras familias lideradas por madres, simplemente, madres de toda la vida y que sintió muchas veces vergüenza de unos padres que vivían más hacia fuera que construyendo desde dentro.

Esas formidables y amenazadoras madres de zapatilla en ristre y besos sonoros por la noche mientras nos arropaban y apagaban la luz de la mesilla nunca podrán ser olvidadas porque tenemos mucho que agradecerlas.

CosmenKos

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