LA MUDANZA

O la ilusión de los Reyes Magos.

El año 2020 ha sido un año de crecimiento, de sorpresas, de cambios muy bestias, de nuevas experiencias y…!de mudanzas!. Lo cierto es que en Enero del funesto 2020 aún no sabía que, no sólo iba a tener una mudanza, !sino dos!.

Esta última mudanza me parece, y mira que llevo unas cuentas en mi vida, que ha sido importantísima y generadora de muchos cambios. SI, soy rara y me gustan las mudanzas aun siendo consciente de que me agotan. Supongo que sabéis que, junto a los divorcios, las mudanzas producen un alto grado de estrés que pueden hacer explotar a la persona más templada donde las haya.

Sweet Home Alabama

Personalmente me da adrenalina ese montón de cajas aún por abrir con cosas que ni me acordaba que existían, un caos que me recuerda al día de Reyes Magos con su algarabía, nervios, precipitación a la hora de abrir los regalos, ruidos de papel y cajas, la mezcla de ilusión y decepción, de expectativas, es decir, una mudanza se parece un poco a un día como el de hoy.

Mi última mudanza supuso un cambio de ciudad y por lo tanto de casa. Hacía tiempo que no me sentía con tanta ilusión porque regresaba de nuevo a Madrid, después de muchos años fuera y, aunque nunca se puede decir definitivamente, yo tenía ya tomada la decisión de montarme la vida en Madrid, intuía de que se trataba de una mudanza definitiva. La llegada de mis cosas durante el traslado me hacía sentir insomne, nerviosa y torpe. como aquella misma niña que escribía con buena letra y en redondilla la carta enviada semanas al paje currante de los Reyes Magos. Todos los días como el de hoy, saltaba de la cama y allí estaban en el salón, en sus cajas y bien envueltos, los juguetes que con tanta ansia esperaba: !!”Los hogarines”!!. Los patines y otra muñeca “Nancy” completaban el lote de regalos

Familia Hogarín

Recuerdo que saboreaba la tarde en que me enfrascaba a montar la casa de “Los hogarines” con dedicación y exactitud, en soledad y sin que mis hermanos, todos varones, estuvieran presentes o entraran en mi cuarto con sus bestialidades.

Confieso que a mi no me gusta decorar copiando a las revistas de moda con famosos a modo de figurines del decorado. A mí lo que me motiva es conquistar al nuevo espacio para hacerlo mi hogar. Lo primero que hago cuando me traslado de casa es limpiar para enseguida pintar. Me gusta todo en blanco, intento que las telas sean blancas o colores pastel, que entre mucha luz, asi que nada de cortinas, ajusto muebles a las nuevas medidas y si sobra alguno es porque en mi casa no debe estar, cuadros si, pero no muchos que luego me agobian. Dono enseres que no uso o me sobran, regalo ropa y bolsos, casi todo excepto libros que nunca los presto. Elijo con precisión científica el cómodo sillón en el que ya me visualizo viendo la tele o una peli en una de las plataformas existentes para series. Dedicación plena durante días (semanas, incluso), a colocar mis libros (por cierto, todos leídos…), !ah!, fundamental para personas de mal dormir, no tener nunca un batiburrillo de trastos en las habitaciones, pocos espejos e imágenes. Eso si, armarios organizados y mucho amor ;)).

En definitiva un hogar con pocas cosas, acogedor, práctico y con mucha luz.

Servidora…

Y mi azotea….

Confieso que nada más ver la casa me enamoré de su azotea y creo que ha sido algo mutuo porque ya es mía. Siempre he querido tener una azotea. Soy urbana, no echo de menos un jardín o un chalet a las afueras. Me siento acompañada siempre porque vivo en un lugar privilegiado, cerca del Templo de Debod y de Malasaña, si necesito paz la tengo y si quiero jaleíllo me voy al centro. En el Parque del Oeste Nina se pasea feliz y yo me siento en una de sus muchas terrazas a escribir, leer y observar. Mi casa cuenta con una impresionante perspectiva desde donde puedo ver la ciudad y su hormigueo de personas. Desde la azotea tengo un lugar para la calma y la alegría, un rincón para escribir en soledad y un lugar seguro para que mis personas favoritas disfruten de días de sol, de noches estrelladas con el foco de la luna, siempre con música y una mesita donde improvisar una rico aperitivo al mediodía o una cena con buen jamón y aromáticas velas (lo sé, no es nada original, soy romántica). Buena vibra, gente buena y todo bueno.

Definitivamente, en el 2020 no todo fue horrible, aun siendo un año dramático. Yo aproveché la mudanza para despojarme de lo viejo e inservible, regalé muebles y cosas acumuladas que ya no cabían en mi “nueva” vida ni con calzador, también dejé atrás personas y experiencias que nada aportaban y la vida me ha compensado con una persona especial con la que vuelvo a sentir muchas sensaciones olvidadas, mis personas favoritas saben donde está su hogar, y Nina, mi perra, se mueve a sus anchas. Es la jefa.

A las personas que nos gustan los cambios, tambien gustamos a los cambios y éstos suelen traernos un premio. El mío tiene nombre, y es maravilloso.

Os espero en mi azotea con la ilusión de una niña el día de los Reyes Magos.

CosmenKos

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