LOS BOCAZAS

O bocachanclas…

Cada vez conozco a menos personas prudentes, aquellas que antes de molestar o decir una bobada prefieren mantenerse en silencio. Por lo que puedo comprobar en mi día a a día, en este mundo pandémico y con un peligroso bicho marcándonos el paso, es que existe una sub especie humana que sabe de todo y de todos.

Sucede en los medios de comunicación y redes sociales, estos paraísos virtuales en el que todos parecemos listos y hasta guapos con vidas felices, los fomentan. Los bocazas nos rodean y, posiblemente, los confundamos en ocasiones con el “cuñado” que es otro perfil distinto y distante. Tienen cosas en común pero hoy nos ocupan los “bocachanclas”.

La gente de mente más corta suele tener la lengua más larga

(dicho popular)

El ser del que hablo no controla sus impulsos. En grupo sobresale ostensiblemente porque se crece, a solas, en un tú a tú, es más de soltar la burrada caiga como caiga. Difiere del “cuñado” en que el “bocazas” no sabe guardar un secreto, es patoso y habla en el momento menos oportuno, critica sin medir las consecuencias de sus palabras y se carga la reputación de los demás porque le encanta la jarana y esparcir vómito. Los “bocachancla” suelen ser excesivos y ruidosos (ellos y ellas) y lo que les une a los “cuñados” es su claro complejo de inferioridad y ese tufillo a rancio.

Las mujeres bocazas no tienen límite y cuando se juntan entre ellas desplegan su artillería de matar, con las agujas de hacer punto y las gafas de ver a mitad de nariz, disparan contra toda mujer que sea guapa, inteligente o, simplemente, joven…¡qué pecados!. En esos grupos siempre existe la mujer que le ha ido pésimo en temas de relaciones y entonces ya tienen todas munición para disparar a lo bestia contra todo macho alfa ibérico o de importación con aquello de “!todos los hombres son iguales!”. A solas rumian sus frustraciones, y en cuanto la ocasión se lo permite, lanzan algún chascarrillo o notición, real o inventado, que les haga protagonistas de la reunión de chicas.

Los hombres bocazas no solo son inconscientes de lo “brasas” que pueden llegar a ser, sino que es bastante improbable que alaben el éxito de algún otro colega, son muy envidiosos y toscos, se alegran de que al amigo al que llaman “hermano” le vaya en la vida fatal y no suelen pronunciarse desde el respeto y el cariño. Si hablan de alguien que dicen “querer” mucho dan estopa con una de cal y otra de arena porque suelen ser bastante ignorantes y “tochos”.

Definitivamente la prudencia es una virtud que se perdió con nuestros mayores, si no sabían se callaban y si sabían y no era el momento, también. Ahora parece que tenemos que verbalizar nuestra opinión siempre y no es así porque si algo he aprendido es que en ocasiones mantenerse callado es un bien que regalamos al universo.

CosmenKos

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