La soledad

Necesitamos hablar, ahora más que nunca. Soltar lo que nos quita el sueño, expresar aquello que nos atenaza y nos enrosca, las emociones que sentimos y a las que no sabemos poner nombre.

La soledad nos sopla en la nuca como un perro gorilero porque tenemos miedo. La gran mayoría hablamos con personas que en otras circunstancias nunca nos hubiéramos comunicado y tengo la confianza en que algo estamos aprendiendo del silencio, de pasar de gente que solo chapotea en el océano de la queja y, como niños asustados, nos ponemos al abrigo de aquellos que nos demuestran cada día con su ejemplo que la vida no se ha parado sino que hay que aceptar que viviremos de otra forma .

Photo by Andrew Neel on Pexels.com

La soledad hace que nos volvamos verborreicos y contemos nuestras cosas a la cajera del súper o al vecino al que hace meses solo saludábamos cortésmente por la mañana al coincidir en el ascensor.

Propongo apartar del camino a los falsos positivos porque la única certeza es que estamos ante un ciclo dramático. El positivismo idiota es para idiotas pero no olvidemos que estamos aquí, al menos de momento, y que siempre podemos hacer algo.

Por ejemplo, escuchar con interés y compasión a cualquier persona que se sienta o esté solo.

Cosmenkos 💫✨🌟

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